Revistas de Farmacia Españolas

Revistas de Farmacia Españolas

Carlos Dorado

Carlos Dorado

1 Antecedentes:

Algo podría contribuir a las ya seculares polémicas sobre la ciencia española la observación hecha de la prontitud con que en España las revistas científicas se incorporan al impulso que recibe la prensa en el paso del primer al segundo tercio del siglo XVIII.

Con el antecedente de los innovadores del XVII cuaja el espíritu de una Ilustración que invoca el uso del raciocinio, la experimentación y el deseo de organizar y transmitir los conocimientos para fomentar el progreso y el bienestar, físicos e intelectuales.

Ningún instrumento mejor para esa difusión que la prensa periódica. Probada estaba su eficacia en la información noticiosa generalista. Y cuando nace la prensa especializada van en la vanguardia, en consonancia con el pragmatismo ilustrado, las revistas dedicadas a la medicina y a ciencias con ella relacionadas.

Carlos Dorado1

En España, donde corre casi en solitario desde el siglo anterior la Gaceta [1], la información general adquirirá en 1738 el gran refuerzo del Mercurio histórico y político y en 1758 del Diario Noticioso. Antes, 1732, ha aparecido un Diario histórico, político canónico, y moral donde su creador se propone informar también con carácter general, pero orientado al mundo de la cultura [2]. Lo mismo, en 1737, dando a “literatura” una amplia acepción, el Diario de los literatos de España [3]. Saber enciclopédico donde nada humano es ajeno, del que es exponente la egregia figura de Feijoo[4].

Pero entre ambos Diarios -que no lo son propiamente- aparecen en el mismo año 1736 dos publicaciones donde abiertamente despunta el interés por la ciencia experimental.

Las Memorias eruditas para la crítica de artes, y ciencias: extraídas de las actas, bibliotecas, observaciones, efemérides, memorias… de todas las Academias de la Europa, y de los autores de mayor fama, de Madrid, tiene mucho de versión escrita e impresa de los gabinetes de curiosidades y maravillas, promovidas por Juan Martínez Salafranca, como lo había sido el Diario de los Literatos.

En su contenido, las Memorias parecen enlazar farmacopea y alquimia en pasajes como éste:

“Curiosidades de la naturaleza y el arte observadas en dos viajes de las Indias. La pepita febrífuga. En las Indias la llaman la pepita de San Ignacio, porque un jesuita español fue el primero que dio a conocer la virtud que aprendió de los habitadores de Filipinas. Es un poderoso purgante y un remedio muy experimentado contra la fiebre”.

Carlos Dorado2

“Los ojos, cuya conservación debemos amar tanto, están sujetos a ciento y trece enfermedades diferentes, aunque otros cuentan cerca de doscientas; pero ninguna hay de todas las de esta gran número, que no cure la piedra de que hablamos. La composición de este excelente colirio es ésta. Tomad cuatro onzas de vitriolo de Chipre, cuatro onzas de nitro, o de Salpetra, cuatro onzas de alumbre de roca. Es necesario hacer todo esto polvos, y hacerle derretir en una olla nueva embarnizada, al principio con fuego lento y después con fuego más activo hasta que todo esté deshecho. Echad después en esta materia un ochavo de onza de alcanfor hecho polvo, revolvedlo todo con una espátula de madera y cuando el alcanfor estuviere bien deshecho e incorporado con los demás materiales, cubrid la olla o puchero con su cobertera, enlodándola bien con pasta de harina. Déjese refriar esta composición por espacio de veinticuatro horas; después quiébrese la olla, en donde se hallará una piedra verde, que se ha de separar con limpieza de los pedazos de la olla. Se conservara esta piedra en una orza de tierra, para impedir la evaporación de lo espirituoso y volátil que contiene. Para servirse de esta piedra, se ha de poner un medio ochavo de onza en polvo en un medio cuartillo de agua de fuente, después se entibiará el agua y se dejará caer una gota en los ojos enfermos. Se hará esta diligencia tres veces cada día, por la mañana al levantarte, al medio día y por la noche al acostarse. Cuando se quiere esta agua más fuerte, se echará en ella un ochavo de onza de la piedra verde. Al punto causa dolor y encarniza los ojos, pero luego se recompensa este trabajo. Aclara la vista, la fortalece, y come las cataratas que nacen en ella. No solamente es medicinal para el mal de ojos, sino que también cicatriza las llagas viejas y quita los empeines”. (Vol. 2º, pp. 177, 185-187).

Carlos Dorado4

Uno de los efectos de la beneficiosa influencia de José Cervi, venido a España con Isabel de Farnesio, fue la publicación de las Varias disertaciones médicas, teoréticoprácticas, anatómico-quirúrgicas y químico-farmacéuticas, por la Real Sociedad de Medicina de Sevilla. Ya aparece la Farmacia en la cabecera de una publicación. Y en su interior, como dedicación específica de algunas de las disertaciones: La IV: “Químico-farmacéutica sobre el antimonio”, la IX: “Químico-farmacéutica sobre los aceites esenciales”, la XV: “Fisiológico-farmacéutica sobre el veneno de las víboras”…

Aquel Diario de los literatos informa enseguida (febrero de 1737, p.191ss.) de la aparición y contenido de estas Disertaciones. Que para algún comentarista formaron la primera revista española dedicada a la Medicina. Pero parece no tienen ese mérito. Las fechas asignadas a las disertaciones son de cuando fueron pronunciadas; publicadas lo fueron después, recogidas en libro del que forman capítulos; no son entregas de una publicación periódica. Razón, más que el olvido, por la que Méndez Álvaro no las menciona en sus Apuntes [5] sobre la prensa médica y farmacéutica.

Si en las Disertaciones y Academia de Sevilla intervino de forma destacada Cervi, cuando es nombrado presidente de la Real Academia Medica Matritense no es ajeno a la publicación (Madrid, 1737-1738) de las Efemérides barométrico-medicas matritenses.

La propia institución reseña años después el acontecimiento:

Carlos Dorado3

“Entonces fue cuando por la primera vez se empezaron a observar en Madrid con exac¬titud científica las afecciones y meteoros de la atmósfera, cuyo estado y variaciones influyen tan notablemente en el cuerpo humano, en sus alteraciones, sus dolencias y en su curación (…) Y aunque se suspendió su publicación (…) se conserva en su archivo la Efemérides manuscri¬tas que prosiguió sin interrupción su secretario perpetuo (…) hasta fin de 1746”.[6]

No están ausentes en las Efemérides las observaciones terapéuticas: “En primer lugar las tercianas… algunas se han curado con medicamentos vomitivos, otras con purgantes, y las más con la quina, ya sola, ya con purgante… Los despeños,… unos se curaron con contrapurgas, otros con el bejuquillo, ruibarbo, triaca, agua de agraz, corroborantes, atemperantes y astringentes blandos…las calenturas,… la curación por los medicamentos atemperantes sangrías moderadas, diluentes y sudoríferos blandos… (agosto de 1737).

Su autor, Francisco Fernández Navarrete se había propuesto “vindicar la nota que a nuestra nación imponen de tarda los extranjeros con la observación de la práctica cotidiana”. Ciertamente las Efemérides han sido reconocidas como primera revista médica española, merecedora de puesto destacado, como aplicación de una metodología científica, en la investigación en historia natural y médica.

Bibliografía:

 [1]La documentación histórica que aportan Gaceta, Mercurio y Diario también es de aplicación a Medicina y Farmacia. Un ejemplo del gran caudal de noticias: “Traducción de las experiencias de Mr. Sage sobre la eficacia del álcali volátil fluido en varias enfermedades. Se han cogido varios testimonios por lo que consta que se han curado en distintas provincias de España varias personas. Se ha experimentado que se han curado los que se han aplicado esta vacuna en las quemaduras, mordeduras de abeja, se halla el citado librito y los frasquitos de álcali en la Imprenta Real de la Gaceta y en la calle la Montera”. (Gaceta de Madrid, 16 de Junio de 1780).

 [2]Fray Joseph Álvarez de la Fuente dice en el prólogo: “En este Diario, si eres versado en las Historias, hallarás suficiente materia para repasar las que hubieres leído y si no hubieses cursado la lección importante de la Historia, leyendo estos fragmentos, sabrás algo, a lo menos, para poder hablar con algún fundamento en tus conversaciones, y visitas po¬líticas, fin recurrir, como muchos cortesanos, al tiempo que ocurre si es cálido, ó si es frío: conversación recorrida para necios, que hallándose sin noticias de que poder hablar […] Con estas conversaciones suelen muchos, preciados de políticos; dar a conocer de contado su nesciencia, y frialdad en todo tiempo”.

 [3]Aparecen en él comentarios sobre Medicina y Farmacia, como:
“De Londres. Práctica mecánica de la Medicina, por el Doct. J. Morgan […] en inglés. El autor examina y refuta en esta obra el método de los específicos, y la hipótesis de Bellimán” […]. “De Alemania. Pharmacopea Augustana, reconocida, revista y aumentada, con un Apéndice de los medicamentos mas selectos. En latín”. (V. 2, 1737, p. 382-383).
“[…] fue bien recetada la bebida de agua de manzanilla, centaura menor, lechuga, y borraja, sal de genciana, de centaura menor, láudano opiado, polvos de quina, esperma de ballena, y jarabe de adormideras blancas, por la eficacia que tienen estos ingredientes para oponerle a la calentura, y sosegar el dolor”. (V.4, 1738, p. 232).
“Después de divertirse en una larga digresión, en que se queja de que los boticarios tengan mayor ganancia, ven-diendo ungüentos, bebidas, y otras cosas, que los médicos visitando a los enfermos, se hace cargo de la Ley Real, que prohíbe que un sujeto ejercite la Farmacia y la Medicina à un mismo tiempo; y distingue entre el médico que visita, y tiene botica en que vende medicamentos, y entre el que los da de limosna o graciosamente y este no está sujeto a la prohibi¬ción, porque no hay razón para presumir algún exceso de codicia, como le hay en el otro”. (V.4, 1738, p.138).

 [4]En su curiosidad crítica universal ocupa lugar destacado la Medicina. Suele recordarse su intervención en la “polémica del agua” -el agua bebida en gran cantidad como remedio de todas las enfermedades-, que tanta resonancia tuvo en las décadas centrales del siglo. Es reticente ante le “medicina farmacéutica” por su inseguridad y contradicciones, pero “Vuelvo a decir, que venero a la facultad médica, como honoratísima, y nobilísima. Huiré los médicos malos, siempre amaré a los buenos; y estoy en conocimiento de que hay en este siglo, y en España algunos excelentes. Los doctísimos médicos de Salamanca, a quienes dedicó su Discurso el Dr. D. Francisco Dorado, no necesitaban de su defensa. Tampoco la había menester la Facultad en común”. (Respuesta al Discurso Fisiológico-Médico del Dr. D. Francisco Dorado. Oviedo, 1827)

 [5]Madrid, 1883.

 [6]Memorias de la Real Academia Médica de Madrid. (Madrid, 1797, p. IV).

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