Nacer Vivir Sobrevivir

Nacer, vivir, sobrevivir

Pedro Caballero-Infante Perales

Pedro Caballero-Infante Perales

Veo como cambian de pañal a un recién nacido y no me produce ternura, si acaso la que emana del mimo con que lo hace su madre.

Me provoca sentimientos contradictorios. Por un lado ilusión, emoción capaz de mover el mundo, por otra indefensión y desamparo y desde este vocablo elucubro hacia lo que la ilusión motiva.

Ilusión es esperar con júbilo un nuevo día, sentir con ansiosa felicidad la búsqueda de un futuro que se nos antoja halagüeño. En definitiva amar. Pienso que esta tierna criatura desvalida es feliz en su inconsciencia. Quedará limpio y, sorberá su alimento durmiendo en la doble luna del pecho, la madre nana de cebolla y él satisfecho. Aún mullido en el, todavía, vientre acogedor de la madre, ésta rematará la nana del pastor alicantino, mientras lo acuna susurrándole: “no te derrumbes, mi niño, que no sepas que pasa ni lo que ocurre”.

Y siguiendo al fabulista, dentro de unos meses andará a cuatro patas para, más adelante, con esa inseguridad segura que da la espera de unos brazos paternos abiertos, intentar caminar enhiesto como un bicheante bípedo inestable.

Y este crecer que va asegurando su estabilidad física le hace andar por la vida sin “avizar”, al carecer de ese ojo acechante que prevé el peligro, nada que amenace su integridad física.

Siempre tendrá el amparo de unos brazos y unas manos protectoras que paliarán cualquier contratiempo físico que ose hollar su integridad.

Insultante ya de mozo, con la juventud que luce, caminará seguro sobre una tierra que no se le tornará dura sino capaz de soportar sus zancadas fuertes y firmes.

Esta feliz fase de su iniciada vivencia ignorará, sin querer, que el nacer es un permanente morir y que más pronto que tarde, él mirará al viejo, sin plantearse que, con el tiempo se verá como ese trípode senil con el que se cruza apoyado en su bastón, figura, nuevamente frágil de nuestro inevitable futuro.

“Ilusión es esperar con júbilo un nuevo día…”.

Nace “Panacea”, delicada y tambaleante, le cantamos su nana y en este caso al que escribe, amén de ternura literaria, le produce ilusión porque se trata de una publicación fomentada y parida por un congénere, farmacéutico él, que no sé hasta qué punto, yo sí lo creo, es el nexo de unión literario de una profesión, la farmacéutica, no bien tratada socialmente como merece su condición humanística.

Demos, pues, los boticarios a la luz un remedio literario más allá del que procuramos diariamente a nuestros pacientes tan necesitados de una luz y unas palabras que curen sus males de espíritu potenciadores de los meramente físicos.

Compañeros de mayor y mejor cualidad humanística que este pobre escribidor harán que la criatura sea, al contrario que el ser humano, inmortal.

noviembre 2017
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