Enología

Viña Tondonia – Nuestra Historia:

Patrimonio Cultural de La Rioja

Enologia

Hace 158 años del nacimiento, en Santiago de Chile, de don Rafael López de Heredia y Landeta de Arsúa, en el seno de una familia vizcaína y alavesa con profundos principios religiosos y éticos, presidida por sus tíos sacerdotes, encargados del sostenimiento de los sobrinos como consecuencia de la prematura muerte de su padre.

El relato de los comienzos de su vida tiene una encantadora irisación romántica, que ha sido continuada por sus actuales descendientes, la tercera y cuarta generación, a quienes se debe en gran parte la última etapa de realizaciones de los proyectos de su abuelo y bisabuelo, respectivamente.

La visión de grandeza que caracterizaba la personalidad de don Rafael, en 1877, cuando se encuentra como propietario definitivo de un negocio en ciernes, coincide con la circunstancia favorable que se ofrece en ese momento para el vino español en el mercado mundial, por lo que asume las convicciones de los políticos y financieros que acaban de expresarse en los discursos pronunciados con motivo de la inauguración de la gran “Exposición Vinícola Nacional” de 1876-77.

En esas disertaciones, alcanza énfasis el concepto de que España debería desempeñar en la estructura económica internacional el papel de “bodega del mundo”, al mismo tiempo que Inglaterra sería el “taller del mundo” y Rusia, o Estados Unidos, el “granero del mundo”.

Confirmaban puntualmente estas esperanzas los datos de la “edad de oro” de la viticultura española, con un formidable crecimiento entre 1877 y 1890, que pasa de 2.666.000 a 9.478.000 hl. Quiere esto decir que las ilusiones de Rafael López de Heredia y Landeta no eran un ensueño visionario, sino que se apoyaban en fundamentos sólidos, expuestos por doctos economistas y confirmados por la realidad del momento.

No obstante, lo que nos parece admirable de don Rafael, es la intrepidez para acometer una empresa de ilimitadas aspiraciones, a partir de escasas disponibilidades financieras. Con limitados medios acomete la idea de fundar una marca universal que identifique el mundo entero el vino de Rioja. Como él mismo era un excelente dibujante, trasladó su propósito a un diseño que alcanzaría gran difusión en sus etiquetas y documentos comerciales. Se trataba de un globo que en sus segmentos ostentaba los colores de la bandera española y del que pendía el nombre de Rioja y cinco barricas con las denominaciones de los cinco continentes. Sobre el aerostato, en letra inglesa, R. López de Heredia y, debajo, “Vinos de España”.

La amplitud de los proyectos de don Rafael se concertaba con la idea de obtener la máxima calidad para sus vinos, dentro de un concepto elitista que le aproximaba a los “gentilhommescultivateurs” franceses.

Este proyecto que había conocido durante su destierro en Francia, requería la formación de un patrimonio agrario propio que le permitiera superar la dependencia de la compra de uva a los pequeños cosecheros, evitando así la diversidad cualitativa de las ofertas.

Intentaba, pues, erigirse en cultivador a la usanza de los propietarios de los “chateaux” franceses que solamente elaboran el vino de su particular vendimia, con las uvas de sus “clos”.

Enologia3

Para cumplir este objetivo, tuvo que aplicarse con la tenacidad y esfuerzo peculiares de su vigoroso carácter, a desarrollar innumerables tratos con los propietarios de las tierras elegidas, uno por uno, hasta alcanzar la compra de cada predio, en una complicada labor de concentración de tierras, dedicadas hasta entonces no solo al cultivo de vides, sino también a muy diferentes aplicaciones agrícolas.

Don Rafael perseguía los parajes privilegiados por las características del suelo y la orientación de sus laderas, dentro de las condiciones geofísicas de la Rioja alta, quebrada y montañosa, con menos sol y pluviosidad mayor, capaz de producir las variedades de uva que dan origen a los vinos más suaves y equilibrados. Su perspicacia le inclinó a prendarse de los terrenos de Tondonia, ceñidos por un meandro del Ebro, amorosamente.

La hermosa perspectiva que ofrece Tondonia a la distancia, se exalta cuando nos hallamos dominando su cota más elevada, en presencia de los montes Ibéricos que nos circundan; transparencias y siluetas de la Sierra de la Demanda, la cordillera de Cantabria, la sierra de Toloño y el Pico de San Lorenzo.

El singular paraje fue en muy remoto pasado asentamiento de poblaciones celtibéricas. Alguien le atribuyó el topónimo de “Tondón”, por su redondez, derivando del vocablo latino “rotundus”. Aunque desusada, la palabra “tondo” se manifiesta todavía en el diccionario académico y vale en lenguaje arquitectónico, por “adorno circular rehundido en un paramento”.

Don Rafael, seducido por la finca que había creado, deseaba culminarla con un castillo que improvisara para el futuro una tradición histórica, y llegó a proyectar esa imaginaria fortaleza en la cumbre de Tondonia; arquitectura que coincidía con el historicismo post-romántico arbitrado en Francia por Violletle Duc. El “chateau” no llegó a construirse, pero su calado que había de albergar las reservas de la propiedad, fue concluido con las mismas características del calado de Haro, revestido con piedra de sillería.

La extensión de los viñedos de López de Heredia fue ampliándose además por sucesivas adquisiciones que dieron lugar a las fincas denominadas “Viña Cubillo”, “Viña Bosconia” y “Viña Gravonia”, superando una superficie de 170 hectáreas en los mejores pagos del término municipal de Haro y que hoy día dan nombre a sus reputados vinos con nombre de viña.

A partir de 1923, el fundador decide abandonar la antigua fórmula comercial con que trabajaba para constituir una nueva sociedad anónima con el título de “Viña Tondonia. S.A”, a la que incorpora como directores gerentes a sus dos hijos varones; Rafael y Julio César.

Las aspiraciones de universalidad para sus negocios que albergaba don Rafael, una vez realizado el formidable trabajo de unificar las fincas, llevando a cabo el desfondado, especialmente difícil por la topografía convexa de Tondonia que exigió el empleo de modernos artilugios, como el eficaz malacate que todavía hoy conservan, le inducen a establecer su central en Madrid.

Enologia2

La capital de España, después del triste desenlace colonial de 1898, experimenta un impulso de modernidad y vocación europeísta muy propicia para introducir el vino de “Viña Tondonia” en los nuevos hoteles, como el RITZ y el Palace, fundados después de la boda de Alfonso XIII, con la princesa Ena de Batenberg, sobrina de la reina Victoria de Inglaterra.

La encrucijada de la calle de Alcalá con la de Sevilla, adquiere cierto empaque de “city” londinense cuando se erige, en 1891, la sede española de la Equitativa de los Estados Unidos, en un edificio singularmente llamativo, que había proyectado el arquitecto José Grases Riera.

La visión de grandeza que caracterizaba la personalidad de don Rafael López de Heredia le impulsó a elegir nada menos que este palacio de La Equitativa para situar la central de sus negocios y también la residencia particular, en la última planta del edificio, en toda la extensión de las fachadas a Sevilla y Alcalá, superficie que podría parecer desmesurada, si no fuera porque el fundador del “rioja supremo”, además de engrandecer su bodega acrecentaba la familia con tanto vigor que antes de acabar el siglo, en 1899, su esposa, doña Carmen Aransáez, daba a luz a su decimoprimer hijo, que no sería el último, pues aún nacerían otros tres en los años iniciales del siglo XX.

Una de las primeras tiendas que el edificio de la Equitativa tenía en la calle de Sevilla, fue habilitada como elegante despacho de “Viña Tondonia”. Al fondo se encontraba la sala escritorio de don Rafael. Impecablemente ataviado con el chaqué gris y el pantalón de corte, los grandes ojos azules y la barba nívea prestaban a su figura solemne cierto empaque a la vez autoritario y noble, como de un santo o un emperador antiguo; en realidad un “gentilhommecultivateur” cuyo principal “pagus”, división rural de la “civitas” según los romanos, era nada menos que “Viña Tondonia” origen del “Rioja supremo”.

Enologia1

La visita a la bodega de Haro, suscitaba ayer y hoy, emoción para cualquier persona de Ciudad, construyendo siempre obras ciclópeas, con los camiones de vapor, humeantes como máquinas de tren, automóviles de motores acoplados por Rafael López de Heredia y Aransáez, extraordinario mecánico que había realizado profundos estudios de ingeniería en Gran Bretaña y Alemania. Todo son contrastes entre el ambiente rural más antiguo, de los establos en los que podíamos asistir de madrugada al difícil parto de una yegua o a la punción de vientre de un buey enfermo y la modernidad de los talleres con fresadoras y tornos de los modelos más avanzados.

Un mundo de esfuerzo y creación en torno a los silenciosos calados en que envejece el vino, porque el vino es un noble señor que sabe envejecer en el silencio; como defendía en esta más que centenaria empresa familiar, Pedro López de Heredia y Ugalde, tercera generación: Nosotros tenemos vinos de treinta y cuarenta años que siempre se han reconocido como extraordinarios. Ahora no vamos a cambiar este tipo de vino que es al que están acostumbrados nuestros clientes, un vino clásico, elegante, equilibrado…

Para muchos es un gozo haber bebido durante 138 años con la familia López de Heredia y poder contemplar todavía hoy artilugios, vehículos, grandes artefactos; documentos y fotografías. Todos los descendientes merecen su felicitación por su esfuerzo y acierto en mantener este patrimonio y por sentir que es una obligación preservar y transmitir generación tras generación.

noviembre 2017
L M X J V S D
« Oct    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Ir a la barra de herramientas