Amós Salvador Carreras

Amós Salvador Carreras

Alejandro R. Díez Torre

(Logroño, 1879-Madrid, 1963)

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El primogénito de Amós Salvador Rodrigáñez, nació el 18 de octubre de 1879 y fue bautizado en la catedral de Logroño de Sta. M.ª de la Redonda, como Amós Miguel Lucas Salvador Sáenz y Carreras. Aunque –igual que su hermano Miguel, con quien intercambiaba primero y segundo nombre- desde su vida escolar y pública –como en 1910, con ocasión de tomar posesión de sendas actas de diputados en el Congreso- no utilizaría más que su primer nombre, el de su mismo padre, así como los apellidos sencillos de sus padres, Salvador y Carreras.

En Logroño transcurrió una primera infancia de Amós hasta 1889 en que, como consecuencia de la actividad y cargos políticos del padre, la familia de los Salvador y Carreras se trasladó a Madrid: para pasar a residir en la Carrera de S. Jerónimo, 53 –al lado del Congreso de Diputados, en una casa hoy inexistente por sucesivas ampliaciones del mismo- en la misma casa que la familia de Práxedes Mateo Sagasta. No obstante en la última década del siglo, el adolescente Amós Salvador desplegaría una primera experiencia de vida familiar y pública de sus ancestros y allegados, que Amós Jr. plasmó con acierto: gracias a un regalo de máquina fotográfica y a su descubrimiento de la fotografía, de la que dejó innumerables testimonios familiares (que llegaron a sus abuelos, Tadeo Salvador y Anselma Rodrigáñez; así como su madre, Emilia Carreras, tíos y un sinnúmero de familiares logroñeses), así como actos públicos en los que participó con su tío Miguel –hermano de Amós Salvador- alcalde que fue de Logroño en las décadas de finales del s. XIX.

Raíces riojanas y formación madrileña de un inquieto ateneísta:

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El que sería llamado familiarmente el Mosito –para distinguirle de su ancestro, Amós Salvador Rodrigáñez- Amós Salvador y Carreras hizo su segundo tramo educativo, desde 1889 –fecha de su examen de ingreso- en el Instituto de 2.ª Enseñanza de Logroño; que continuó un año después en el de S. Isidro de Madrid, donde finalizó sus estudios de bachiller con sobresaliente, el 7 de agosto de 1894.[1] Los bachilleres de aquel momento en la capital –los novecentistas, como eran conocidos- hasta la década de 1930 anudarían fuertes lazos de camaradería y generacionales. Sus reuniones mensuales, que mantendrían con fidelidad y persistencia, llegaron a agrupar en tertulias periódicas a los que serían luego figuras muy conocidas de la política, las letras y la cultura nacional: entre integrantes de aquel círculo estudiantil del joven Amós, figuraban los José Giral (catedrático de Farmacia); Miguel Aguayo (director del Instituto S. Isidro); Jacinto Benavente (dramaturgo y premio Nobel de Literatura), etc. [2] No obstante ser dirigido el joven Amós Salvador por su padre a comenzar estudios de Ingeniería, realmente realizaría los de Arquitectura; con ingreso, un curso preparatorio y cuatro más de carrera, que finalizó en 1902 (precisamente cuando su hermano Miguel se licenciaba en Derecho). En una estrategia muy habitual de las familias poderosas de aquella época, el viejo Amós facilitó el asentamiento de sus hijos entre la élite política o económica del momento, al casarlos con esposas de familias decisorias políticamente: como al primogénito Amós en el circulo de los conservadores de Eduardo Dato y al segundo, Miguel, en el liberal de García Prieto. Así el flamante arquitecto Amós Salvador contraía matrimonio con Josefina Álvarez Carballo y Prieto, el 19 de mayo de 1906 en el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón madrileño (actuando de testigos del enlace, Eduardo Dato y su hermano más joven, Miguel).

Con el comienzo del siglo XX, el ambiente intelectual madrileño había despertado y entre otros centros de su actividad, se encontraba destacadamente el Ateneo de Madrid. Allí había marcado un hito para distintos saberes y la enseñanza especializada la fundación, en 1896, de la Escuela de Estudios Superiores, gracias al impulso decidido del destacado ateneísta –varias veces presidente del Ateneo y primer ministro en diversas ocasiones– el líder liberal Segismundo Moret. En el Ateneo se inscribieron los hermanos Salvador, adquiriendo un temprano protagonismo entre los jóvenes allí habituales de dos secciones ateneístas: Amós, con el n.º 7309, en la de Bellas Artes; Miguel, con el 7.310, en la de Música. En esta primera y crucial experiencia ateneísta, los hermanos Salvador entablaron una íntima amistad con otros jóvenes, como el futuro presidente Manuel Azaña (socio n.º 7.069) y el dramaturgo Cipriano de Rivas Cherif (socio n.º 8.455). Y fue en el Ateneo, ya iniciado el siglo, donde tuvo lugar la aclimatación de una feliz iniciativa –al modo británico, pero comenzada en la Universidad de Oviedo– que con el nombre de Universidad Popular de Madrid, pretendía extender la cultura y la inquietud modernizadora en las clases trabajadoras: a quienes desde 1904, estaban destinadas las conferencias de extensión, que llenaban de sentido el nuevo ocio cultural que proporcionaba la ley de descanso dominical. Siendo en aquel Ateneo de la primera década donde se integraron algunas de las actividades desplegadas –desde fines de 1904 a 1909– en un número de sedes, que incluían ámbitos sindicales, como la Casa del Pueblo socialista o patronales y hasta católicas, la Universidad Popular también tuvo otros brotes (en Valencia, León, La Coruña y Oviedo). Manteniendo siempre la máxima neutralidad ideológica, pudo permitir la participación de profesores –jóvenes licenciados, a menudo– de ideas opuestas; con una institución que quedó luego relegada, llegó a alcanzar 700 actos de enseñanza popular [3], entre conferencias, excursiones, visitas culturales o lecciones musicales (estas a cargo de Miguel Salvador, por ej.). Y en esta obra de extensión del saber entre clases modestas se consagraron desde 1906 los hermanos Miguel y –sobre todo– Amós, y siendo ambos hermanos Salvador los adalides y factótums de la iniciativa, junto a un grupo de ateneístas y antiguos estudiantes de la Universidad de Oviedo. [4]

Amós Salvador desde 1903 repartió su primera actividad profesional como joven arquitecto, entre fructíferas tareas culturales y profesionales, encargos de obra privada y su dedicación al proyecto de ampliación del edificio de la Fábrica de Tabacos de la calle Embajadores madrileña, como arquitecto de la Tabacalera. Inscrito en la corriente arquitectónica de la “sezessión” vienesa, de los pioneros del movimiento moderno, O. Rieth y O. Wagner, y su integración profesional desde el VI Congreso Internacional de Arquitectos en Madrid, Amós Salvador desarrolló sus primeros años de desempeño profesional en Logroño, de 1903 a 1909 (portada de la calle Mercado, 86; edificio de la calle Vara de Rey; edificio de tres fachadas de la calle Mercado), con obra privada de distintos propietarios e industriales riojanos.[5] Aunque resultaron frustrados para su ejecución allí alguno de sus proyectos, como las Escuelas Municipales en 1911 y de la Plaza de Toros de la Manzanera, en 1915. Después de su matrimonio en 1906 con Josefina Álvarez Carvallo, de una pudiente familia leonesa, Amós Salvador fue elegido diputado a Cortes –hasta 1914- por el distrito leonés de Ponferrada y se implicó de lleno en las corrientes renovadoras de la arquitectura: como el movimiento ecológico del urbanismo de “ciudades-jardín” de Cebriá de Montoliú y otros colegas (José L. Salaberry; L. Torres Balbás; L. Lacasa, o F. García Mercadal), así como en la corriente favorable a las Casas Baratas (después de la aprobación, en 1911 de la Ley de Casas Baratas). Pero resultó decisivo también para la influencia profesional de Amós Salvador: primero, su protagonismo entre jóvenes arquitectos, en el III Congreso Nacional de Arquitectos, en 1904 (un congreso que marcó un antes y un después en la arquitectura de Madrid); y segundo, su integración progresiva en la Sociedad Central de Arquitectos, de la que fue secretario en 1907-08, vicepresidente, 1910-11 y presidente, 1913-17 y 1925. Pero además de asistir a congresos internacionales –Amós Salvador fue uno de los 28 arquitectos españoles que asistieron al Congreso Internacional de Viena (1908)- presentó obras a premios nacionales, como su proyecto premiado con accésit del centenario –en 1908– de los fusilamientos en la Moncloa; así como fue vicepresidente en los congresos nacionales de S. Sebastián (1915) y Sevilla (1917, integró comisión para colegiación y montepío de arquitectos). En el I congreso de Bellas Artes de Madrid (1918), Amós fue nombrado socio de honor.

Un arquitecto en busca de una línea constructiva nacional:

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La fama como arquitecto innovador y abierto a las nuevas corrientes se inició en la segunda década del siglo XX para Amós Salvador comenzó con su proyecto de estación del Ferrocarril minero de Nador (1910, Marruecos). En 1911, Amós Salvador desde la Sección ateneísta de Bellas Artes, contribuiría a la difusión en la capital del prometedor movimiento ecologista de “ciudades-jardin”, invitando al iniciador del movimiento Cebriá de Montoliú a impartir conferencias en el Ateneo de Madrid. El propio Amós –ya como vicepresidente de la Sociedad Central de Arquitectos, que presidía el también ateneísta Vicente Lampérez– asistió a congresos y conferencias en países europeos, manteniendo fructíferos contactos exteriores de su profesión. Hasta presidir la propia Sociedad española de 1913 a 1917, repitiendo en 1925. Mientras Amós Salvador se involucró en proyectos que señalarían un hito en la construcción modernizadora de Madrid desde 1915, como la Fabrica Gal –obra maestra de la arquitectura industrial madrileña– los proyectos de sanatorios antituberculosos, entre 1915 y 1917, de Valdelatas y Húmera y -entre 1917 y 1923– un proyecto de fuste: la primera ampliación del Museo del Prado, al morir su primer arquitecto Fernando Arbós.

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Una de sus obras estrella del arquitecto Amós Salvador fue la Fábrica Gal –del fabricante adelantado en el jabón perfumado, Salvador Echeandía Gal- de perfumería, que desde 1905 fabricaba el popular “Heno de Pravia” y después productos de lavado y otros productos cosméticos, su construcción en Madrid fue equiparada con la Fábrica Casaramona del sector textil de Barcelona (1911, arquitecto Josep Puig i Cadafalch).[6] Echeandía Gal junto a su hermano Eugenio –quien fue el primer español doctorado en Química en la Universidad de Berlín– los Gal fueron una de las tres empresas nacionales del sector, consolidadas en el periodo de la I Guerra Mundial: Gal, Floralia y Myrurgia. La Fábrica Gal proyectada por Amós Salvador en la plaza de Moncloa, enfrente de su Cárcel Modelo, fue ejecutada entre 1913 a 1915, y le proporcionó prestigio, con una construcción de ladrillo y nuevos elementos de hormigón, que –con un original estilo neomudejar, rasgos secesionistas y gran vistosidad, sobre todo en su cúpula de cerámica vidriada- traducían un estilo “nacional”. Combinando Amós en la Fábrica Gal el carácter monumental –en su disposición de oficinas– y funcionalidad e higiene –en sus naves, laboratorios y depósitos– se convirtió en modelo de dignidad y decoro para otras fábricas; y afirmó una tendencia constructiva en la capital bastante duradera: fábrica de cervezas El Águila, 1914, E. Jiménez Correra; Matadero, 1908-28, L. Bellido, E. Rivera; Plaza de las Ventas, 1919-31, J. Espelius. En 1918, Amós Salvador –mientras trabajaba en la ampliación del Prado– desarrollo otros proyectos sociales: como la Fábrica de la Ferfumería Floralia, en el paseo de S.ª M.ª de la Cabeza madrileña –con protagonismo de amplios ventanales, estructura de ladrillo revocado con mortero de cemento y sin apenas ornamentación– que, sin menoscabo de un incidente en su ampliación en 1924, con un desafortunado revés de obra por negligencia de la constructora, Amós prolongaría en su obra privada de esos años (por ejemplo, en el sencillo inmueble del Campillo de las Vistillas, convertida una planta en el estudio de Ignacio Zuloaga en 1916; el palacete de Cisne, 15, premiado como mejor obra de Madrid, en 1917; así como otros proyectos de casas unifamiliares y palacetes de integrantes de la burguesía madrileña). También merecieron atención pública de aquella década, los proyectos de Amós Salvador –donados altruistamente: para la lucha contra enfermedades preocupantes– de los sanatorios antituberculosos, entre 1916 y 1917 de Valdelatas y la Húmera. Desde los años de 1910, Amós Salvador también se implicó en otra línea constructiva popular y social: el de las “vivienda mínima”. Un plan de la misma fue propuesto desde 1908 por la Sociedad Central de Arquitectos al Ayuntamiento madrileño, para solucionar el problema habitacional que planteaban oleadas –y agrupaciones improvisadas– de inmigrantes en Madrid, antes y después de la I Guerra Mundial; articulado apenas por una primera ley de Casas Baratas, de 1911, y como problema resurgente en la siguiente década. Según la participación de algunos arquitectos en el debate técnico constructivo –Amós Salvador o Fernando García Mercadal– no se trataba de reducir el espacio vital de la vivienda de las clases desposeídas, sino dar acceso –con una premonitoria anticipación a preocupaciones de vivienda recientes– a través de la reducción de los costes materiales y ciñéndose a la sencillez constructiva. Una idea que Amós Salvador recogió de la Conferencia Interaliada de Urbanismo en París, en 1919, a la que asistió y que trasladó a España: bajo la fórmula de la “vivienda mínima”, abaratándola y aplicando al modelo elementos de construcciones como mobiliario e industrializar la edificación; una idea ésta que compartieron destacados colegas, como Leopoldo Torres Balbás o Cebrià de Montoliú. [7] Todo ello, acompañado de obras de “salud pública” urbana (obras de urbanización y limpieza, dotaciones de servicios, junto a escuelas y hospitales, ciñéndose a las necesidades esenciales y dejando al margen el lujo), según lo expresaba el propio Amós en los años de posguerra europea hasta los años de (1930) [8].

Un intelectual de su tiempo y un profesional integrado en una red de referencias europeas:

En aquella segunda década del s. XX Amós no solo se vio reconocido por sus colegas y pudientes empresarios o banqueros, sino que adquirió relieve entre la nueva generación intelectual de 1914. Su estilo y plan arquitectónico, que fue singularizando en impronta personal y cultural, había pasado a posiciones que combinaban la vanguardia y la tradición: influido por el también ateneísta y profesor-arquitecto Vicente Lampérez, Amós evolucionó hacia una obra de arquitectura “nacional”, apoyado en la tradición constructiva y arquitectónica del país –de sus diferentes regiones y ambientes- más tradicional y equidistante entre el racionalismo y lo castizo, en especial desde la Exposición Regional de Valencia (1909) que comentó. A menudo Amós divulgó estas orientaciones y funcionalidad como profesional, tanto en Pequeñas Monografías de Arte de Madrid, de 1907 a 1913, en la revista Arquitectura, desde 1918; así como en periódicos diarios, como El Sol (con colaboraciones que serán más frecuentes en los años de 1920) o El Globo. Y tuvo contactos notables, como con el arquitecto catalán Gaudi, desde su viaje con otros colegas a Barcelona para conocer su obra y entrevistarse con él en 1916 (a raíz de un trabajo de Amós, dedicado a las obras del arquitecto catalán que admiró, en León y Astorga, terminado su palacio arzobispal en 1915).[9] Pasada una década, tanto por sus contactos internacionales e implicaciones nacionales, como por su celo y sistemáticas acciones formativas y divulgativas, Amós llegó a poseer la que en 1928 caracterizaron como “mejor biblioteca profesional de esta época” [10]

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En 1919 Amós Salvador subrayó e intensificó su presencia pública, retomando su cargo político de diputado en Cortes: al ser elegido por su tierra natal en el distrito de Logroño (por 5.279, de 6.306 votantes; frente a 890 votos de su oponente, un “desconocido” Pablo Iglesias; por lo demás, de seis ocasiones de candidato en aquel periodo, solo hubo elección en dos; las otras cuatro fue proclamado según ley, como candidato único).[11] A su dedicación política convencional –como diputado hasta la dictadura de Primo, en 1923– sin embargo la dotó de un contenido más renovador y moderno, con su implicación en los proyectos literarios y críticos de sus amigos ateneístas, Azaña y Rivas Cherif: a los que se uniría ya definitivamente en su peripecia intelectual y experiencia política, que les condujo del reformismo dentro del sistema restauracionista al republicanismo y la renovación política. En 1920 nació el proyecto intelectual de los tres ateneístas –después de que se vincularan estrechamente en una estancia en París, el año anterior- La Pluma, publicación que con 37 números Amós contribuyó decisivamente a su financiación, al destinar a la misma sus 500 pts. de dietas como diputado. Y más aún el arquitecto ateneísta se implicó en otra publicación con sede en la misma calle del Ateneo desde 1915, la revista España: en la que Amós entró en su consejo de administración y como inversor destacado impuso como responsables de su contenido político y proyección en la opinión pública, al todopoderoso secretario ateneísta Manuel Azaña y el crítico emergente Rivas Cherif. La revista fue censurada y finalmente clausurada con la dictadura de primo, el 29 de marzo de 1924, pero su labor intelectual, crítica y política pasó a otros ámbitos menos improvisados: como el mismo Ateneo de Madrid o la Residencia de Estudiantes, cuyo comité directivo integró en 1926 Amós Salvador (también fue elegido para el Patronato Real de las Hurdes: después que se destinasen a él inversiones, Amós intervino en su regeneración con proyectos de factorías y escuelas, para un número de pueblos de la deprimida comarca extremeña).

Un profesional e intelectual en la encrucijada cultural de los años de 1920:

En la tercera década del siglo, resultó una encrucijada tanto intelectual como profesional o política, para Amós Salvador, que pasaría del imposible reformismo dentro del sistema, a situarse entre las fuerzas y sectores con los que se gestaría el proyecto de renovación y modernización que crearía la II República. Profesionalmente, Amós emprendió un número de líneas constructivas, algunas de vanguardia y anticipadas a su época, otras claramente situadas en el optimismo constructor y la fiebre inmobiliaria, de que se apoderó el mismo régimen de la dictadura. Como con la creación, en 1923, de la Sociedad Abantos –un proyecto alentado por el rey en el Escorial, que inicialmente pretendía trasladar el esquema de gran centro de ocio y vacacional catalán de la Sociedad Tibidabo- de la que Amós fue accionista, arquitecto y consejero delegado, y que inicialmente proyectó un ensanche urbano en el Cerro de las Damas del Escorial con tranvía, casinos, teatro, instalaciones deportivas, gran hotel de lujo, etc.; pero que realmente solo pudo materializar algunos hotelitos privados, construidos en gran parte bajo proyectos de Amós. Lo mismo que Amós, con su hermano Fernando y los arquitectos J. Zavala y J. M.ª Rivas, integró el concurso premiado de barriada de casas militares en Burgos en 1929, que el rey inauguró en 1930. En otra línea más social, Amós persistió en sus proyectos de sanatorios antituberculosos, como el de Lago en la madrileña sierra de la Tablada, en 1924; o los dispensarios de Victoria Eugenia y de la Seguridad Social, de 1926 y 1928 en la capital.

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Mientras durante aquellos años de dictadura, Amós Salvador integró a menudo tertulias creativas e intelectuales, como las que animaban Azaña, Rivas o Valle Inclán con otros jóvenes vanguardistas en el Café Regina y el Café-Granja Henar; o bien se incorporó entusiasta, con ellos y otros inquietos ateneístas, a la tertulia de rebotica del catedrático de la Universidad Central y antiguo compañero de pupitre de Amós, José Giral. Entre estas reuniones y otras más clandestinas, Amós Salvador se adhirió al movimiento político que inspiró el propio Azaña, con su manifiesto de Acción Republicana en 1925 (que definía a los firmantes como republicanos; y en cuyo texto el propio Amós participó, para su impresión y difusión). En gran parte, ese impulso político constructivo y renovador surgió de un Ateneo intervenido –cuyos sucesos de 1926 escandalizaron: por la impotencia y la negatividad dictatorial a consentir un centro de crítica como el ateneísta: que el gobierno de Primo clausuró y proyectó reconvertir, con una “junta” impuesta– y la diáspora de sus núcleos por otros ámbitos, públicos como el Círculo de Bellas Artes, o privados, como las tertulias.

Durante dos proposiciones en 1927 y 1930, aún con posibilidades, Amós Salvador vio esfumarse su aspiración a convertirse en académico de la de Bellas Artes de San Fernando (a la que sí perteneció su padre Amós, fallecido un lustro antes en Logroño). Pero el protagonismo que adquirió al final de la década en el Ateneo, dio a Amós más ascendiente en círculos intelectuales y políticos. Después de la renuncia y exilio del dictador Primo, la sorda resistencia del Ateneo y su lugar central en la oposición al régimen, junto al ascendiente de algunas de sus figuras, como el presidente repuesto, Marañón o la vuelta de Unamuno, entre otros exiliados dieron a la docta casa nuevos impulsos. Amós Salvador se dio de alta en ella y vivió los acontecimientos allí en primera persona, entre 1930 y 1931: momentos de clausuras y reaperturas temporales, que en las elecciones de 18 de junio y en la candidatura electa de Manuel Azaña, dieron a Amós la vicepresidencia del Ateneo y su virtual presidencia interina (durante la clandestinidad de Azaña, desde diciembre de 1930 y la represión de la insurrección de Jaca). Con su intervención cerca del director de Seguridad, el general Mola, y la defensa de Amós de la apertura del Ateneo contra intervenciones policíacas de su sede, desempeñó un papel crucial en el mantenimiento de la vida interna ateneísta y la preservación de su régimen jurídico y su estatus político. Hasta convertirse el mismo en miembro del nutrido grupo intelectual y político que se pasó a las filas del movimiento republicano: como lo hizo Amós Salvador el 2 de marzo en Logroño ante su Círculo Liberal de fieles seguidores, que le despidieron en su vuelta a Madrid.[12]

El ejercicio republicano de la política, para un ateneísta de largo recorrido entre exilios:

El 11 de marzo Amós Salvador consiguió una enésima reapertura del Ateneo de Madrid y desde allí saludó en un mes la proclamación de la II República. Sin embargo Amós no concurrió en la Rioja a las primeras elecciones: solo en noviembre de 1931 y ante la muerte del viejo amigo –y referente liberal riojano- del diputado Miguel Villanueva, le hizo decidirse a presentarse a elecciones parciales que no ganó. Este revés y la muerte de su madre, Emilia Carreras Iragorri, no le hicieron perder su optimismo y confianza en el futuro; y persistió en su nuevo interés de vuelta a la función pública –rechazó cargos que Azaña le ofreció, de embajador en Cuba– hasta obtener de nuevo el acta de diputado por Logroño, en las elecciones de 1933 (que revalidaría en las de Frente Popular, de 1936), presentándose en candidatura añañista de Acción Republicana e Izquierda Republicana respectivamente. Incluso viviendo procesos judiciales ante el Tribunal Supremo –por presuntas implicaciones en críticas a la autoridad y delito de imprenta, en causas sobreseídas– Amós Salvador siguió teniendo la confianza de sus electores riojanos (fue el único de los diputados electos en 1933 que no fue en candidaturas de derechas y revalidó en 1936). Y con el triunfo del Frente Popular en el Congreso y la nueva incorporación de Azaña a la presidencia del Gobierno, incorporó a Amós Salvador como ministro de Gobernación, desde el 19 de febrero de 1936. Cargo en el que, en medio de una extrema tensión y clima social, junto a problemas de salud, se mantuvo hasta el 2 de mayo que presentó su dimisión; siendo sustituido por otro republicano, Casares Quiroga.

El desencadenamiento de la guerra civil por el golpe militar del Ejército, desde el 18 de julio de 1936 hizo vivir a Amós Salvador y su familia en sucesivas sedes, en Madrid, Valencia y Barcelona, uniendo su destino a los de Azaña. Sus bienes y patrimonio, como los de la Huerta, la gran finca familiar en Logroño, así como sus bienes en Burgos y Madrid, serían sucesivamente incautados por los sediciosos (la Huerta de Logroño sería apropiada en 1941 por Pilar Primo de Rivera, para su Sección Femenina de la Falange, por ejemplo). No obstante, el matrimonio Salvador había acompañado a Azaña en sus sucesivos desplazamientos como presidente de la República, en octubre de 1936 a Valencia, y en 1937 a Barcelona. En julio de 1937, Amós aún volvió a Madrid, con la misión de acompañar a algunos participantes en el Congreso Internacional de Escritores; y en noviembre de 1937 fue nombrado ministro plenipotenciario e introductor de embajadores en Barcelona, hasta mayo de 1938 en que dimitió (por el supuesto malestar de mantener dos hermanos en funciones diplomáticas: Fernando, como secretario de la Embajada de Venezuela en Caracas; Miguel, como cónsul de España en Copenhague). Su esposa Josefina Álvarez y sus dos hijas, M.ª Mercedes y María, así como sus nietos, en 1937 terminaron por refugiarse en el enclave francés de Pirineos Orientales, Bernetles Bains. Mientras tanto, el 23 de abril de 1938 el jefe de la VI Región Militar de Franco en Burgos impuso a Amós la multa de 100 mills. de pts. por “la indigna, funesta y antiespañola actuación de este mediocre hombre de la República”, causante de “tan enormes y cuantiosos perjuicios de índole moral y material”. En los últimos días de enero de 1939 y principios de febrero, Amós Salvador siguió a Manuel Azaña y su comitiva de exiliados republicanos en Francia; para reencontrarse con su familia en Bernet-les-Bains y –en abril de ese año, después de ímprobas gestiones para un pasaje a América– viajaron con una de sus hijas, M.ª Mercedes, en el vapor “Colombie” a Caracas, Venezuela (mientras la hija mayor se dirigió con su marido e hijos a New York, donde fijaría su residencia, la hija pequeña, María emprendería un incierto viaje de vuelta a Madrid, consagrando una ruptura familiar que solo en años se soldaría).

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En su exilio y mediante las gestiones del hermano Fernando Salvador en Venezuela pudieron asentarse y trabajar profesionalmente un número de arquitectos exiliados de España. En Francia, la Gestapo detuvo en 1940 a su hermano Miguel Salvador, a Rivas Cherif y otros dirigentes republicanos y socialistas –J. Zugazagoitia en especial– para entregarlos a Franco y en España condenarlos a muerte. Mientras Amos Salvador en Caracas recuperó su actividad de arquitecto, como empleado del Banco Obrero de 1940 a 1942 –incluso con trabajos eventuales para el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social– y desde 1943 se incorporó a la empresa Venezolana de Inversiones (VICA), para el diseño de chalets en urbanizaciones de la periferia de Caracas, entre otros proyectos. Por intercesión de su prima hermana María ante Serrano Suñer, su hermano Miguel y Rivas se salvarían –un poco fortuitamente– de la ejecución; aunque penando en distintos presidios largas condenas en las cárceles de Franco, hasta su exilio definitivo. En 1945 Amós viajó a New-York, para ver a su hija mayor y una parte del exilio en la ciudad. Viajando en noviembre a Mexico, en cuyo Palacio de Gobierno se reunieron las Cortes republicanas por última vez. Esa ocasional y ya última vuelta a ejercer la política le desagradó enormemente –llegó a calificar aquel medio del exilio, como “repugnante e irritante”– por las rencillas y los ajustes de viejas cuentas.[13]

Pero lo que llevó a Amós a un desencanto personal ya en su vejez, entre achaques, fue la percepción de que internacionalmente el franquismo se afirmaría después de la II Guerra Mundial. Por lo que preparó, junto a su hija menor María residente en España, su vuelta del exilio: primero, en 1947, recurriendo judicialmente la multa que aún tenía pendiente del régimen sobre su persona, y “seguro de no haber incurrido en responsabilidad de ningún género”. En 1949 Amós se instaló en Biarrit con su esposa Josefina, hasta que en 1950 la Comisión liquidadora de Responsabilidades Políticas resolvió el recurso interpuesto por Amós y rebajó la sanción inicial hasta 150.000 pts. Pero sufragado su importe por Amós no pudo recuperar con su retorno, el 16 de septiembre de 1950, su patrimonio y propiedades, incautadas y apropiada por militares. Residiendo en un piso coyuntural de la madrileña calle de Hermosilla, el 29 de abril de 1963 fallecía Amós Salvador; y el 24 de diciembre del año siguiente, falleció su esposa Josefina.

Bibliografía:

[1] Vid. expediente de calificaciones, con sobresalientes en Física y Química, H.ª Natural, Agricultura y Francés, en Ar¬chivo Histórico Nacional (AHN), Universidades, Leg. 7341.

[2] Cfr. en Ido, J.: “Los bachilleres de hace treinta años”, La Esfera, 11 de octubre de 1930.

[3] Vid. Tiana Ferrer, A.: Maestros, misioneros y militantes. La educación de la clase obrera madrileña, 1898-1917, Madrid, Centro de Publcs. M.º de Educación y Ciencia, 1992: 269-296.

[4] Cfr. en Jiménez Landi, A.: La Institución Libre de Enseñan¬za y su ambiente, Madrid, Ed. Complutense, 1996 t. III: 309.

[5]5 Cfr. en Cerrillo Rubio, M.ª I.ª: La formación de la ciudad contemporánea. Logroño entre 1850 y 1936. Desarrollo ur-banístico y tipologías arquitectónicas, Logroño, Inst. de Est. Riojanos, 1993:201.

[6] Cfr. en Reguero, Víctor del: Amós Salvador Carreras, Vi¬llablino (León), Asoc. de Amigos del Valle de Laciana, 2011: 192

[7] Vid. Sambricio, C.: Madrid, vivienda y urbanismo: 1900-1960; Madrid, Akal, 2004: 49 y ss; 155-56: Se hacían allí referencias a los casos de viviendas unifamiliares, surgidas desde 1919 a los años de 1930, en la zona norte de la ciudad: colonias de Fomento y Socialista; de la Unión Eléctrica Ma¬drileña, de Primo, la Prosperidad, la Mahou, la de Albéniz o de los Músicos.

[8] Cfr. en Salvador, A., en Arquitectura, 1929; El Imparcial, 31 de enero de 1933.

[9] Cfr. en Salvador, A.: “En recuerdo de Gaudí”, Arquitectura, Madrid; 93 (En.1927): 10-18.

[10] Cfr. en La Gaceta Literaria Ibera-Americana-Internacio¬nal, Madrid, 1 de mayo de 1928.

[11] Cfr. en Reguero, Víctor del: Amós Salvador Carreras, 2011: 137

[12] Vid. Ibíd. pp. 303 y ss. Siguiendo datos y análisis apor¬tados por uno de los especialistas de la historia ateneísta, Antonio Ruiz Salvador –nieto del propio Amós- en su clási¬ca obra Ateneo, Dictadura y República, Valencia, Fernando Torres, 1977: 52 y ss. Antonio Ruíz Salvador transmitió la memoria familiar en su más reciente obra, Caracol col col, N-York, Bubok, 2008.

[13] Vid. Reguero, Víctor del; op. cit.; 425-27.

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